Retazos conectados

Escritos de Diego Bartolomé para acompañar a la vida

Huelga, sindicatos, felicidad y emprendeduría


Ayer fue jornada de huelga general en España, a destiempo y sin demasiado éxito, que tuvo, como suele pasar en toda reivindicación desde hace algunos años, su momento para los violentos, que no son sindicalistas, ni ecologistas, ni antisistema, ni nada. Cada cual tiene el derecho de luchar por lo que considera, pero es lamentable que los de siempre se aprovechen de este tipo de días y generen miedo y caos.

Por otro lado, quizás los sindicatos están obsoletos y se deberían reconvertir en los principales valedores de la economía del conocimiento, del valor añadido y la innovación, de la flexibilidad, y no luchar por tener más días de permiso o por mantener sus privilegios heredados de otras épocas donde de verdad sí que se necesitaban cambios sociales. Si realmente trabajaran para hacer las empresas más humanas y rentables, serían extraordinariamente positivos para la sociedad e incluso para el empresario, como voz constructiva y no destructiva del capital humano de la empresa.

Creo que a veces damos por sentado costosas bases que no se pueden sostener a largo plazo, y el empresario y trabajador, no nos olvidemos, luchan por el mismo objetivo, que la empresa sea sostenible en el tiempo, y pueda revertir la riqueza generada en la sociedad, con empleo y aumento de la calidad de vida. No hay más que leer La Contra de La Vanguardia de hoy, donde Lluís Amiguet entrevista a Franklin Pitcher Johnson: nuestro futuro nos lo construimos nosotros mismos.

Emprendedor y ahora inversor de más de 82 años, dice que tener talento es haber descubierto para qué sirves, no todos somos iguales ni somos capaces de lograr éxitos en todos los ámbitos, no todos servimos para todo pero todos servimos para algo. Saber qué quieres hacer y cómo llegar ahí constituye una inteligencia que nada tiene que ver con el coeficiente intelectual o con la capacidad empática, sino con un profundo conocimiento de uno mismo.

Emana optimismo, con una constante sonrisa en la boca dice Lluís Amiguet, y afirma con contundencia que jamás vino a verme una oportunidad cuando estaba sentado en mi despacho. Esa es la semilla emprendedora, buscar, moverse, luchar, y conseguir lo que pretendes, que él sigue haciendo con sus más de ochenta años. Además, no pierde el optimismo (considera que la economía de Estados Unidos empieza a funcionar) ni la visión buena del otro, que es esencial para encontrar y aprovechar las mejores oportunidades: no basta la tecnología avanzada, sino que tiene que haber personas – mucha gente- dispuestas a comprarla porque crean que les será útil.

Esa vitalidad es la que se respira en la página creada por Xavier Verdaguer, que hoy también publica La Vanguardia,  que tiene como objetivo compartir momentos de felicidad, expresados visualmente con los brazos abiertos en cruz, y generalmente de espaldas al objetivo, que suelen ransmitir una sensación de libertad excelsa. Ya más de 300 personas han colgado sus fotos, y más de 1200 personas son fans de ella, cosa que refuerza la idea de que la felicidad sólo es real cuando es compartida.

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